jueves, 29 de abril de 2010

REDES DE MUJERES



A veces lo descubrimos en una etapa temprana de nuestra vida (afortunadas ellas); otras, la mayoría, necesitamos una andadura de 40 o 50 años, para saberlo: Las relaciones más importantes son las que establecemos entre nosotras.
Cuando las mujeres se reúnen, da igual si es para festejar la vida o acompañar la muerte, recibir o despedirse, crear o inventarse, preparar una entrevista o analizar una relación fracasada; hablar de los niños, comentar de las parejas o esbozar los sueños…

Cuando las mujeres se reúnen se produce la magia. No es necesario caldero, ni fuego ritual, juntas despertamos toda la fuerza de 70.000 años de culto lunar.
Vamos viviendo la vida que elegimos, a veces sin saber que la elegíamos; y cuando la desesperanza nos inunda los ojos, allí está nuestro “clan” para abrazarnos, física o virtualmente; para curarnos; para recordarnos que en algún rincón del corazón, aún guardamos la fuerza necesaria para seguir adelante.

Siempre allí, las compañeras con las que hemos ido coincidiendo en esta vida (y quizás en muchas otras). Dispuestas a la broma que nos haga sonreír, a la caricia, a la crítica más acida y al halago más sincero; dispuestas a hacer planes, a intercambiar recetas, a enhebrar sueños. . . y a remendar los que se nos rompieron.

Nuestras parejas, a veces se quedan, a veces se marchan.
Parimos y criamos hijos que nos conectan a la vida y la alegría,. . . y también al dolor.
Pero nuestra red de amigas del alma está ahí para sostenernos en todo momento. Ayudando a que un tropiezo se integre en la coreografía de la danza, escuchándonos en silencio, llorando con nuestras lágrimas, compartiendo la alegría a carcajadas. Cuidando de que el fuego no se apague y tejiendo con nosotras la ternura.
Gracias a todas las mujeres de mi vida.